Travel, USA
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Luna de miel en Disneyland

Jorge y yo nos casamos en Mayo de 2012 y nos fuimos de luna de miel a California. Organizamos un road trip desde San Francisco hasta Los Angeles, fuimos conduciendo por la carretera 101 que va pegada a la costa, tiene unas vistas espectaculares y paramos a dormir en moteles de carretera de lo más curioso como el Glen Oaks Motel, el Beach Bungalow Inn y el Candy Cane Inn. Visitamos sitios preciosos como San Luis Obispo, Santa Barbara o Big Sur e incluso nos dio tiempo a desviarnos un par de días para visitar Las Vegas y el Gran Cañón. Fue un viaje que recomendaría hacer a todo el mundo, lleno de experiencias inolvidables que iré contando poco a poco, pues sería imposible contarlo todo en un sólo post.

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Aprovechando que pasábamos cerca de Anaheim decidimos visitar Disneyland. Siempre nos llamó la atención que Walt Disney se inspirase el en el Tivoli de Copenhague (en el que tantas tardes de verano pasamos cuando vivimos en Dinamarca) para construir su primer parque. ¿California vs. Dinamarca? ¿Sol todo el año vs. frío invernal casi todo el año? ¿Hamburguesas vs. Frikadelers? ¿Qué tenía el Tivoli que enamoró a Walt para decidir copiarlo en la costa oeste de USA?

Walt se fijó en los jardines, en la vegetación, en los lujosos restaurantes, en los puestos con snacks típicos del país y en la cuidadísima atención al cliente nórdica. Ese fue el germen que sirvió para después adaptarlo al público americano.

Obviamente no es lo mismo ir con 10 años que con 30 pero Disney sabe muy bien qué ofrecer a cada segmento de edad. Para los que os animéis a visitar Disneyland, os recomiendo algunas cosas que a los niños pueden pasarles desapercibidas, pero que son fantásticas para adultos:

1. La comida tan especial que venden en el parque.

Imprescindible probar los corn dogs, salchichas con un grueso rebozado de maiz alrededor. El Gumbo, una sopa espesa de pescado servida en una hogaza de pan. El Dolhe whip, un delicioso y cremoso helado de piña natural. Las típicas mazorcas de maíz asadas. Los churros, una versión extra larga de los nuestros con azúcar y canela. Y nuestro favorito, el Tiger tail, una bomba calórica de nubes, caramelo, chocolate y azucar, absolutamente delicioso.

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2. Dar una vuelta al parque en el Lilly Bell.

El tren que rodea el parque tiene en Disneyland un vagón único, decorado especialmente por la mujer de Walt Disney para su uso personal. Sólo podrás montar en él si preguntas al personal de la estación por su existencia. Te apuntarán en una lista de espera y te dirán a qué hora tienes que volver. Muy poca gente lo sabe y merece la pena; incluso puedes firmar en el exclusivo libro de visitas que hay en su interior. Si no madrugas será imposible que consigas sitio.

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3. Pedir una chapa especial.

En cualquiera de las tiendas del parque te darán una chapa especial de cumpleaños, aniversario, primera visita o cualquier otro acontecimiento que estés celebrando.

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4. Ver el espectáculo World of Color en primera fila.

Si pides tu entrada vip en uno de los puntos indicados en el plano del parque a la hora adecuada, podrás ver el maravilloso espectáculo nocturno del lago desde un lugar privilegiado.

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5. Cenar en el Blue Bayou.

El restaurante que hay en el interior de la atracción de Piratas del Caribe. Es una experiencia súper original, cenar a la luz de los farolillos típicos de un Bayou de Nueva Orleans mientras ves pasar las barcazas de la atracción llenas de gente. Además la comida era deliciosa. ¿Buena comida en un parque de atracciones? Te aseguramos que sí.

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2 Comments

  1. Paloma says

    que de “secretos”, mira que he leido sobre el parque, y no sabia la mayoria de lo que nos cuentas. Me lo apunto. Conocer lo que no todo el público ve me parece interesante. Mi hijo visito el parque de Orlado, acompañado por la mujer de uno de los ingenieros y tambien vio muchas cosas, o detalles que los demás no percibimos. Gracias.

    • Ana Fiestas says

      Visitar el parque con la mujer de un ingeniero tiene que ser chulísimo, tienes que contarnos alguno de los secretillos que le enseñó a Carlos!

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